Cambio de nombre a la profesión
Martes, Marzo 24, 2009
Pareciera que en algunos círculos profesionales e intelectuales, ya está instalada la discusión referida a la necesidad de cambiar el nombre a la profesión de los bosques. Al menos así se desprende del reportaje aparecido en la Revista Lignum, N° 109, página 37, en donde el tema es reconocido al menos por personas en la Universidad Mayor y la Universidad de Chile.
Y la verdad es que el asunto no es nuevo y como tal me sorprende, aunque no debiera, que no esté sanjado ya, es como si estuvieramos condenados a eternas discusiones sobre los temas que nos atañen directamente, en lo que podríamos llamar el síndrome de la tertulia, mucho bla, bla y hasta la próxima, lo que puede deberse a que nadie reconoce en nada o nadie una autoridad válida que sea capaz de poner punto final al tema y avanzar en la solución o bien dedicar las tertulias a otros, todos en este punto somos dueños de la razón.
Entonces bien cabe preguntarse ¿en que se amparan quienes piensan que el cambio de nombre es una solución a la digamos crisis del sector forestal?, unos pueden pensar que es la mejor respuesta a lo poco atractiva que pareciera ser es la profesión para los jóvenes actuales; otros que las empresas forestales demandan otro tipo de profesionales del bosque, cayendo en el error de hacer pensar a muchos neófitos que el sector forestal en Chile, es sólo Arauco, CMPC y otras tantas, (cuan equivocados están); también puede que piensen que con eso se borra una eventual mala percepción de la profesión y del sector en si por parte de la sociedad o bien a uno que otro pecado de la profesión o mejor dicho de sus profesionales, internamente asumido y obviamente jamás confeso púlicamente, y conste que para eso creo que era o es Bosques para Chile.
Buscando ejemplos más para ver si eventualmente podriamos copiarle a alguien una ingeniosa solución se me ocurren los siguientes:
1.- Si se tratara solucionar el bajo interés de parte de los jóvenes, con un mero cambio de nombre creo que hace tiempo los políticos ya habrían inventado uno, porque claramente y conste que no lo digo únicamente yo, son de los que menos interés despiertan en los jóvenes, más allá de lo actractivo que puede ser participar de la toma de decisiones y bien sabemos que Chile es ante todo cupular y ello no gusta. Descartado.
2.- Las empresas forestales, desde hace años que debido a llamada integración vertical y ciertamente al notable avance de la técnica, que requieren de menos ingenieros forestales, pero eso también ocurre con otras profesiones como los programadores y los ingenieros comerciales, de los cuales años atrás literalmente levantabas una piedra y aparecía uno al lado de un forestal, por ende no creo que con cambiarle el nombre resulte, no vaya a ser que nos desconozcan y no nos dejen entrar ni a dejar un curriculum. Descartado
3.- Si con cambiar el nombre la mala percepción de la sociedad cambiara, pasaría lo mismo que en el caso 1. Descartado
4.- Si de pecados se tratara, cuanto alivio daríamos a las cárceles de Chile, total al ladrón, asesino o árbitro saquero, le cambiamos el nombre y automáticamente pasan a ser personas de bien, se insertan automáticamente en la sociedad y todos felices y contentos. Descartado
La verdad que son estos los únicos ejemplos que encuentro en “el mundo real” y donde claramente no funcionan y no sé a que más recurrir para justificar a los colegas que piensan eso, porque como lo expresé en la misma revista no creo que el cambio de nombre sea la solución y me auto cito:
“Me causa gracia que se piense que con un cambio de nombre las cosas mejora. Lo que se requiere es un cambio de énfasis en las carreras que están quedando y las que van a quedar, no sé cuales, pero creo que de las cinco o seis que están quedando en la actualidad, en los próximos años inevitablemente al menos dos de ellas saldrán del mercado. Entonces, a las restantes les resta mirar y escuchar a la sociedad, para ver qué tipo de servicios perciben que les otorgan los ingenieros forestales y qué esperan de ellos. Sólo así responderemos a las expectativas de la sociedad a la cual servimos y, de paso, a las aspiraciones laborales de los futuros colegas”
Tampoco creo que agregándole apellidos o sufijos, como lo dijo Bartolomé Pons Rullán la cosa cambie, aunque pensándolo bien la Coca – Cola es Tradicional y Zero, la leche es normal y descremada, el gas es normal y catalítico, el pan es corriente e integral y aquí si que hay muchos ejemplos, que tal una Ingeniería Forestal tradicional e Ingeniería Forestal con mención en Industrias de la Madera, o Ingeniería Forestal con mención en Medio Ambiente, o Ingeniería Forestal con mención Áreas urbanas, o Ingeniería Forestal con mención en etc. De esta manera mantenemos la raíz y damos el gusto a los “díscolos”.
Pero ¿que cosas estoy diciendo? acabo de recordar que mi título y dice Ingeniería Forestal con mención en Manejo y Explotación y creo que antes en la Chile y otras más también eran así, es más la Chile volvió al un sistema similar, entonces si lo de antes pareciera funcionar o al menos sonar bien ¿por que se cambió? y se dio la opción a la emancipación a las antiguas menciones en Industrias de la Madera o equivalentes, para que fueran carreras independientes, mismas que a poco andar o fueron cerradas o reabsorvidas por su alma mater, la ingeniería forestal.
Pensándolo bien, si hemos de cambiar, lo que más me convence es agregarle el apellido, además que me suena como a Medicina, Médico General, Cardiólogo, Pediatra, etc., todos son a fin de cuentas médicos de raíz con su respectiva especialización, y lo mismo podríamos hacer nosotros, o mejor dicho retomar la senda anterior de las menciones, a ver si recuperamos al menos en parte el tiempo perdido.
- Escrito por chavp a las 19:28:14 en Bosque y Madera
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