Vivientes

Miercoles, Junio 2, 2010

Unas líneas para un tema recurrente, no vaya a ser que no alcance a hacerlo, quien dice que quizá esta sea la última vez, nadie tiene una bola de esas que dicen predicen el futuro y menos yo, además ¿que gracia tendría saber que viene mañana?, eso sería como no vivir, porque una de las cosas esenciales de la vida, es el no saber que pasará dentro de ciertos márgenes de tiempo, por ejemplo mañana. Prueba de ello es lo sucedido la noche del 27 de febrero, cuando la mayor parte de la población dormía sabiendo desde hace un buen tiempo que más temprano que tarde iba a temblar y con cierto grado de certeza sabíamos que sería fuerte, un terremoto con todas sus letras, lo que no sabíamos era cuando, donde, ni que tan fuerte sería, es más hasta sabíamos que podría venir (y así fue) con yapa, bajo la forma de un Maremoto. Lamentablemente ese nivel de “no certezas” acabó con casas, viejas, nuevas (mal construidas), calles, playas y lo que es peor con vidas, muchas irrecuperables vidas. Y no es que como país no hayamos estado preparados para ello, creo honestamente que dentro de ciertos márgenes si lo estábamos y más si te comparas con otros sismos similares o de hasta menor intensidad ocurridos este mismo año, pero también es cierto que a mal de muchos consuelo de tontos.

El nivel de no certeza al cual me refiero, materializado en el terreno y maremoto devastó y asoló por minutos a buena parte del país, y simultáneamente quitó por momentos las ganas de vivir a muchos connacionales, llenando de angustia, desesperanza a otros tantos.Mucha oscuridad en esa noche, pero al poco rato toda esa oscuridad mágicamente se convirtió en un sano dolor que nos ayudó a pararnos, el dolor es una estrategia del cuerpo que nos recuerda que estamos vivos y que tenemos la capacidad de levantarnos cada vez que caemos y salir adelante. Ese mismo dolor es el que hoy nos mueve a sanarnos y a reconstruir lo que a juicio nuestro la naturaleza injustamente se llevó, injustamente pese a que la naturaleza lo que menos entiende es de justicia, al menos no como la concebimos los seres humanos.

Ese mismo dolor que nos unió, nos dividió en dos clases de personas: Sobrevivientes y Supervivientes, yo soy de los primeros, como tantos mi casa está en el suelo, es más ya ni escombros de ella quedan, donde había una casa hoy hay un sitio vacío, donde había una calle, hoy veo polvo, donde los niños hoy hay resignación, etc., esa noche se fueron años de esfuerzo (y mi querida colección de insectos, más de 20 años de trabajo, talvez lo único irrecuperable de lo material, quienes coleccionan algo lo que sea me entenderán) y pese a eso estamos acá al pie del cañón, con nostalgia, pena, algunos problemas, pero de pie y con la esperanza y ganas de salir adelante. Supervivientes, son aquellas personas que han mostrado un coraje a toda prueba unas ganas de salir a flote, pese a que la naturaleza se ensaño aún más con ellos, sus pueblos, fuentes de trabajo hoy están en el suelo y lo que es peor la naturaleza les arrebató seres queridos y pese a que tienen todo el “derecho” a ser autocomplacientes y lamentarse, están y estuvieron ahí y hasta salvaron a los demás, dando desde ese momento y día a día muestras de valor, honestidad y responsabilidad social a toda prueba, sin duda verdaderos SUPER vivientes, anónimos compatriotas que demostraron que el coraje no es patrimonio de los próceres que escribieron nuestra historia, ellos sabían a lo que se exponían, no así nuestros compatriotas.

A ellos estas simples líneas, nada de recuerdos o explicaciones del ¿Por qué?, cada cual, sobre todo si vive en o cerca de las zonas azotadas lleva un calvario interno, una procesión, y lo que es mejor un proceso de sanación interior ya iniciado que de seguro nos llevará a construir, ojala con mayor cantidad de madera que sea posible, una mejor sociedad.

Puede que esté fuera de contexto, lo lógico era escribir algo sobre bosque y madera, no sé del 701, la educación forestal,de la captación de carbono, de silvicultura urbana, de la importancia de la madera para la reconstrucción, del cómo los Ingenieros Forestales aportaremos a levantar Chile, del perfil de la carrera y un largo etcétera, sin embargo la inserteza de saber si podré agradecer el coraje de todos, me hace lanzar esta al ciber espacio y dedicar, tres meses y pico después estas líneas a los sobrevivientes como yo y muchos colegas y compatriotas más, pero con más y más a ganas a los nuevos héroes, los supervivientes de esa trágica noche de febrero, a todos gracias por las lecciones de vida que nos regalan a diario.